domingo, 11 de diciembre de 2016

El amor que no fue.


Adoraré esa última noche que me regalaste, 
la reservaré dentro mío, 
guardado en el cofre de los momentos de oro, 
aquellos que uno no quiere olvidar de aquí a todas las vidas.
Y decís que sólo te dejaste llevar,
pero déjame decirte que cada acto mío 
fue intencionado.
Cumpliste varios clichés favoritos en tan sólo una noche, y cada uno de ellos quedaron grabados bajo la piel. 

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Unas charlas.
Unas cervezas.
Unas estrellas.
Unos silencios.
Unas canciones.
Unos suelos.
Unos arboles.
Unos dedos amarrados.
Unas caminatas de la mano.
Unos besos robados.
Unos suspiros tristes.
Unos cigarrillos.
Unas caricias.
Unas pasiones.
Unas sábanas.
Unos cielos infinitos.
Una(s) noche(s).

No lo notaste, pero cada uno lo fui coleccionando y los escondí en cada sonrisa, en cada suspiro, en cada mirada perdida, en cada latido. Y ahora los recuerdo, con cada lagrima.
Gracias por permitir darnos una oportunidad tan inoportuna, una vez más. De la cual fue la última.
Aquel atardecer infinito compartido.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Corto de largas memorias.

Me enseñaste tantas cosas, suave pequeña bola de pelos.
Quién pensaría que un animal tan pequeño, liviano, carismático, fuerte y energético me dejaría tantos recuerdos hermosos, y una experiencia imborrable. Encontrarte, adoptarte, cuidarte, crecer juntos, vivir. 
Pero, ¿quién encontró a quién?.
Todavía te recuerdo. Todavía te extraño.
Marcaste un antes y un después de mi. Me enseñaste de paciencia, de responsabilidad, de dar y recibir cariño, de disfrutar la compañía, pero te olvidaste enseñar el qué haría en tu ausencia...

Ninguno como tu, querido amigo.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Amor cobarde.

«Ya lo mío fue mío,
y ahora voy al azar...
Si una rosa es más bella mojada de rocío,
el golpe de la lluvia la puede deshojar...

Tuve un amor cobarde.
Lo tuve y lo perdí...
Para tu amor temprano ya es demasiado tarde,
porque en mi alma anochece lo que amanece en ti.

El viento hincha la vela, pero la deshilacha,
y el agua de los ríos se hace amarga en el mar...
Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar...» 

José Ángel Buesa

viernes, 25 de noviembre de 2016

Así.

Y ahí estás abrazándome... y encuentro el único pedazo de mundo del cual no quisiera escapar nunca más. Sos todo lo que no me ata y me mantiene.
Me entendiste.


La mujer, la amante y el volcán.

El tipo liquidó el cigarro en tres pitadas, tenía las manos transpiradas, las cejas desacomodadas, le temblaba la boca y la pera y miraba el reloj. Cada vez que la aguja se movía ella se alejaba un poco más. Siempre tan calculador buscaba el límite, probaba su límite. Su cerebro era un volcán de contradicciones, ella no era para él y aún así ella era todo lo que él amaba.
En su casa, su esposa María esperaba con la comida, con el calor, con el jardín verde más reluciente del barrio, con el perro más obediente, con las esquinas más limpias y con la sangre tan fría.
Su amante Lola lo esperaba en un café medio pelo, Lola esperaba una respuesta. Lola estaba sola, no tenía jardín, no tenía perro y vivía a base de viandas, mate y café. Lola tenía discos para cubrir las noches de un siglo, tenía libros para sacudir historias, tenía los senos pequeños, la pintura corrida y la ropa desgastada. Era hermosa. Era hermosa y lo estaba esperando.
En la esquina se apuraban los últimos minutos, en el café se demoraba una lágrima y en casa se enfriaba la comida. El amor estaba inquieto, se le escapaba del pecho. El sudor seguía corriendo.
Apretó el cigarro contra el suelo, y con el cigarro moría una vida calma y segura. Nacía un amor al aire libre, quería que todos supieran... estaba enamorado. Corrió al café, siempre al límite y percibiendo la lágrima que se avecinaba. La agarró entre sus brazos como si fuera suya, como si fuera la primera vez. Y es que en realidad lo era. La amó en un beso que se juntaba con la sal de sus cuatro ojos. Lloraban y esta vez sin demora. Se escaparon tan lejos en ese beso como ningún prófugo lo ha logrado. Se desacomodaba su corbata y su cobardía. Estaba rompiendo el huevo de la vida.
María lo odió primero, un propicio método de defensa. Lo escuchó luego y lo entendió a los años. Ella sabía que él estaba enamorado, ella lo había conocido enamorado... solo que ahora con diferente destinataria. No resistió, contra el amor no hay muro que aguante. Lloró en una sonrisa maldita. Lloró de envidia, ella hacían años que no se enamoraba. Lo mandó a la mierda con la boca y a amarla de un empujón. La valentía de querer cobra caro pero deja mucho. Querer... no es para tontos. Querer... no es para cobardes. Querer... es una cosa de locos.
Infiel es tan solo aquel que no le hace frente a un amor. La infidelidad es con uno mismo cuando se es cobarde y cagón.

Autora: Maru Leone.